Una mañana del mes de noviembre, allá por el 2005, paseaba por la cabecera del Fardes, cerca de la confluencia entre el Arroyo de Prado Negro y el de las Perdices, cuando un mirlo pasaba volando cerca de las orillas y se paraba encima de unas rocas. El ave lucia la pechera blanca característica de los mirlos acuáticos. Más tarde se sumergió en las frías y limpias aguas del río para buscar alimento, como un pez sus alas salieron del agua listas para seguir volando. Un encuentro muy emocionante, por lo imprevisible y la oportunidad de ver a estas aves buceadoras.